Milena Marucco

Blog – VIVIR EN COMUNION CON EL ALMA

El verdadero Jesús: tu hermano, tu guía.

Desde chica me hablaron de un Jesús triste, sufriente, colgado en una cruz. Un Jesús que nos miraba desde arriba, juzgando, exigiendo perfección, pidiendo que suframos por amor. Y así me alejé. Me alejé de él y de la iglesia que me lo mostraba como un castigo con barba.

Hasta que lo sentí.

El verdadero Jesús: tu hermano, tu guía.

No en un templo, ni leyendo una Biblia. Lo sentí adentro. En mi corazón, en mi alma. Llegó en silencio, con una sonrisa que desarma. Me dijo “no soy distinto a vos”. Me dijo “soy tu hermano mayor”. Me dijo “vine a ayudarte a recordar quién sos”. Y mi vida cambió para siempre.

Jesús no es propiedad de ninguna iglesia. Es un alma de luz, un maestro eterno. No vino a fundar religiones. Vino a mostrar con su ejemplo que todos tenemos una chispa divina adentro. Que todos podemos vivir en paz, si dejamos de escuchar al miedo y empezamos a seguir al amor.

El mensaje de Jesús es simple y poderoso: No sos tu cuerpo. No sos tu historia. Sos un alma, hija de Dios. Estás en esta tierra para recordar el amor que sos.

Lo mataron porque decía la verdad. Porque en un mundo basado en el ego, alguien que elige perdonar, sanar, decir “yo soy el Hijo de Dios”, incomoda. Pero él no vino a sufrir. La cruz no fue castigo, fue un mensaje: podés lastimar el cuerpo, pero nunca al alma.

 El verdadero Jesús no quiere que lo adores. Quiere que te animes a vivir como él.

A mirar con amor. A perdonar. A reír. A bailar como loco si hace falta. A dejar de sostener el dolor como forma de vida.

Si te alejaste de la iglesia, pero te seguís sintiendo vacío… Si el Jesús que te mostraron te da culpa en lugar de paz… 🤝 Volvé a él de otra forma. Hablale. Llamalo. Pedile. No hace falta rezar de memoria. Hace falta hablarle desde el corazón.

Jesús no quiere seguidores perfectos. Quiere hermanos sinceros. Y siempre está listo para ayudarte.

Canalización de Jesús (Cerrá los ojos. Leelo en voz baja. Sentilo.)

“Estoy a tu lado. En cada paso, en cada miedo, en cada intento. No soy un juez. Soy tu hermano. Vine a recordarte que el cielo vive en vos. Que tu valor no depende de lo que hiciste, ni de lo que te hicieron. Sos amor. Sos luz. Reí. Jugá. Viví. Y cuando sientas que no podés, decime: ‘Jesús, acompañame’. Y allí estaré.”

 

Jesús no está en la cruz. Jesús está vivo. Y te está esperando.